jueves, 23 de mayo de 2013

Vivir sin música


… ella se levantó de la mesa, fue hasta el equipo de música, se agachó y se puso a curiosear entre mis escasos cedés. Sigue sin gustarte la música, Gafitas, dijo entonces. Algo parecido dice mi hija, respondí. Pero no es verdad. Lo que pasa es que la escucho poco. ¿Y eso?, preguntó Tere. Iba a decir que no tenía tiempo de escucharla, pero me callé. Mirando las carátulas de los cedés, Tere añadió, entre divertida y decepcionada: Y encima no conozco a nadie. Me levanté de la mesa, me agaché junto a Tere, cogí un cedé de Chet Baker y puse una canción que se titula “I fall in love too easily”. Cuando la música empezó a sonar, Tere se incorporó y dijo: Suena vieja, pero bonita. Luego se puso a bailar sola, con la copa de vino en la mano y los ojos cerrados, como buscando el ritmo oculto de la canción; cuando pareció que lo encontraba dejó la copa sobre el equipo de música, se acercó a mí, me echó los brazos al cuello y dijo: No se puede vivir sin música, Gafitas.

(Javier Cercas, Las leyes de la frontera, Barcelona, Mondadori, 2012, pág 224)



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