martes, 4 de marzo de 2014

Busco mi destino

El regreso de Driver, James Sallis

Luego de la exitosa película de Nicolas Winding Refn con Ryan Gosling, era clavado que Sallis iba a escribir la secuela de Drive. ¿Presión de los estudios? Él mismo lo ha dicho: “Me llamaron, y dije que no, que no había escrito ninguna secuela. Pero colgué el teléfono, prendí la computadora y escribí el título: Driven”. Título que encontraría curiosa traducción en El regreso de Driver.

Es cierto que Driver, aquel inolvidable conductor de riesgo, regresa en esta novela —después de todo, es una secuela—, pero como título hubiera sido mucho más apropiado mantener el original Driven (como sí se hizo en la primera parte, Drive). Porque driven, además de ser un participio, puede significar guiado, determinado. Y esa sola y precisa palabra resulta mucho más potente a la hora de describir a este hombre que parece predestinado.

Después de lo sucedido en aquella primera parte, Driver debe desaparecer. Siete años más tarde tiene una nueva identidad, vive en Phoenix y su novia se llama Elsa. Aunque ya no conduce para los estudios de Hollywood, ni para ninguna banda de ladrones, Driver sigue viviendo de los autos. Esto lo vamos sabiendo a medida que avanza el libro, porque lo que vemos en el comienzo es otra cosa: dos tipos atacan a Driver en un callejón. Driver los despacha en silencio, con la toda la eficiente violencia de la que, como sabemos, es capaz. Pero no puede evitar que su novia Elsa termine con una herida sangrante en el pecho. Y que se le apaguen los ojos.

A partir de entonces, Driver tiene que esconderse de tipos que empiezan a seguirlo, y a aparecer por todos lados para matarlo. Se compra un Ford Fairlane y lo tunea hasta convertirlo en “algo que necesita comer carne seis veces al día”, como le dice un colega. Aún escapando, divide su tiempo en tratar de entender por qué quieren matarlo, y en buscar la manera de vengar a Elsa.

Sallis vuelve a entregar una joya en formato de novela corta (le alcanzan perfectamente sus 144 páginas). Sin llegar a tener un desarrollo lineal puro, la historia es bastante más directa que la de la primera, Drive. Hay flashbacks, pero menos. Hay elipsis, y el lector debe construir partes de la historia. Vuelven a brillar aquí los diálogos, en especial los que Driver mantiene con Manny, su amigo guionista de Hollywood. La violencia abunda, aunque parece de alguna forma contenida, sorda (hace que uno recuerde aquel contraste, aquella poética brutalidad tan bien lograda en su adaptación a la pantalla).

Entre citas de Nietzsche o divagaciones acerca del libre albedrío y el determinismo —la filosofía es una tendencia recurrente de algunos personajes de Sallis, quien por esto es amado u odiado sin términos medios—, Driven es la historia de un permanente fugitivo. Un solitario que no puede escapar de su destino: moverse, salir a la ruta, no tener una casa. Una existencia de desarraigo y vacío, de una cama distinta cada noche, de moteles sucios y cafeterías de tapizados pringosos, que está en interesante tensión con una de las columnas del ideario yanqui: la libertad representada en el camino. Un hombre, un auto, una ruta: “a free country”. De esa cultura individualista, costado del american way, es también heredero Driver.

Al recorrer esa imagen del final, con la sonrisa de Driver en el espejo retrovisor, y el pie acariciando el acelerador del Fairlane, resulta inevitable imaginarlo como a un cowboy que cabalga hacia el atardecer.

Hacia lo que traiga el destino o el camino.

Traducción: Ramón de España

1/14

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2 comentarios:

  1. No sabía que había una secuela. Qué gran noticia!!! Me encantó Drive!!!

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  2. Hola, Alonso. Gracias por la visita.
    Espero que te guste también la secuela. Driver es un gran personaje.
    Un abrazo,
    Ariel

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