sábado, 14 de septiembre de 2013

Sindicato

—Antes de que nos pusieran en zona prohibida, cada una tenía quince clientes al día —me dice—. Cada cliente pagaba cincuenta yenes, y de eso la mitad era para el encargado y la otra mitad nos la quedábamos.
 —Eso es casi cuatrocientos yenes al día —dice Nishi, de pronto.
 —Casi cuatrocientos —dice la señorita Kato—. Pero eso era antes.
 —¿Y cuántos clientes venían al día?
—Por entonces casi cuatro mil al día.
—¿Y cuántas chicas había?
—Trescientas.
—Eso hace cien mil yenes diarios para la empresa —exclama Nishi—. ¡Cien mil yenes diarios!
—Pero eso era antes —repite la señorita Kato—. Antes de que nos declararan zona prohibida para los soldados.
—¿Y ahora? —le pregunto—. ¿Cuántos vienen ahora?
—Unos diez —dice ella—. Veinte como mucho.
—¿Y para qué tenéis un sindicato? —le pregunto.
—Para hacerle una petición al general MacArthur. —La señorita Kato sonríe—. Al encargado se le ocurrió que si escribíamos al general MacArthur como sindicato, pidiéndole que dejara que sus tristes y solitarios marines vinieran aquí, entonces el general permitiría que el International Palace volviera a abrir.
Niego con la cabeza. Les damos las gracias.
Les hacemos una reverencia. Nos marchamos.
Marcharse. Marcharse
Quiero irme de este sitio. De este país. Quiero huir de este lugar. De este corazón. Quiero encontrar al conductor. Ya
Vuelvo a entrar en uno de los barracones.
Nishi me sigue. Escaleras arriba.
En el pasillo hay una chica. En el pasillo hay una chica desnuda. En el pasillo hay una chica desnuda a cuatro patas. En el pasillo hay una chica desnuda a cuatro patas que no puede tener más de catorce años. En el pasillo hay una chica desnuda a cuatro patas que no puede tener más de catorce años y a quien está penetrando por detrás un Vencedor, mientras ella mira por el pasillo interminable en dirección a Nishi y a mí, con las lágrimas cayéndole por las mejillas, cayéndole por las mejillas y dentro de la boca, diciendo:
—Oh, qué bueno, Joe. Gracias, Joe. Oh, qué bueno, Joe. Gracias, Joe. Oh, oh, Joe…
Está mejor muerta. Yo estoy mejor muerto…
Esto es América. Esto es Japón. Esto es la democracia. Esto es la derrota. Ya no tengo país. De rodillas o de espaldas, con sangre y semen en los muslos. Ya no tengo corazón
Las piernas abiertas, el coño inflamado por las pollas y el pus.
No quiero tener corazón. No quiero tener corazón…
Gracias, emperador MacArthur.
No quiero tener país…
Dômo, Hirohito.
       
(David Peace, Tokioaño cero, Barcelona, Mondadori, 2013)


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