lunes, 18 de febrero de 2013
Frío y prolijo
lunes, 19 de marzo de 2012
Atrapado en la red
lunes, 30 de mayo de 2011
Un detective contra el Puto Jefe

Suele ser difusa la frontera que divide —o encuentra— a la novela policial, al thriller, a las historias de detectives, a las historias de criminales. Todos creen tener alguna definición para cada uno de estos términos. Sin embargo, está bastante aceptado el englobarlos a todos bajo el nombre de novela negra. Me parece correcto: yo lo acepto también. Lo negro es oscuro, el alma de los hombres es oscura, el Mal es oscuro. Oscuro y negro.
Parece que la novela negra es un buen vehículo para hablar de esa oscuridad propia del alma humana. En sus personajes encontramos más sombras que luces, muchas contradicciones, tensión. Son seres de carne y hueso, a menudo conscientes del Mal que anida en ellos, del Mal que encarnan y que se manifiesta en esos crímenes, en esa corrupción. En esa humanidad.
Al leer las novelas (negras, negrísimas) de John Connolly, más precisamente las de la serie del detective Charlie “Bird” Parker, encontramos que la cosa es un poquito diferente. Porque en las historias de Connolly/Parker el Malo es el Más Malo de Todos. Parafraseando a Pep Guardiola, es el Puto Jefe de los Malos.
Connolly es un autor que mezcla con gran maestría los tópicos y las formas de la novela negra con el terror más escalofriante. Fantasmas, ángeles caídos, asesinos que vienen del Otro Lado son las entidades a las que el violento Parker debe enfrentarse. Tiene las armas de este mundo, pero también tiene “algo” sobrenatural. Algo que ni él sabría precisar, que lo distingue del resto de los mortales. Una suerte de estigma que atrae a estos seres perdidos, a estas almas errantes, un estigma que le permite experimentar el dolor de los otros como si fuese propio. Parker sabe, como nosotros, que no es casual que le pase lo que le pasa. Lo que no entiende es el por qué. ¿Por qué a él? ¿Por qué así?
En Los amantes, Parker hace el intento de responder a esas preguntas. Por entonces, tiene su licencia de investigador cancelada y se gana la vida como encargado de un bar de Portland, el Great Lost Bear. Con los fantasmas de su mujer y su hija asesinadas, y su actual pareja cayendo a pedazos, sólo le queda la compañía de su perro Walter. Es el momento de encarar La Gran Investigación de su vida. La Verdadera Historia. Él mismo nos lo dice: “Esto es una investigación sobre las circunstancias de la muerte de mi padre”.
Will Parker era un oficial de la policía de Nueva York. Un día detiene a una pareja de adolescentes, y en un episodio confuso los mata a balazos, dentro del coche que ocupaban. Se entrega en la misma comisaría en la que trabaja, e inmediatamente es puesto en libertad mientras sigue la investigación. Regresa a su casa, le pide el desayuno a su mujer y se retira al jardín. Ella acababa de cascar el primer huevo cuando se oyó el disparo: Will se había volado la cabeza.
Por entonces, Charlie contaba con dieciséis años. Tuvo que conformarse con alguna explicación de compromiso para ese suceso. Pero hoy, para el Parker “estigmatizado” y adulto, todo cobra un nuevo significado. Y el siente que debe encontrarlo, aunque lo esperen revelaciones miserables y dolorosas. Y el Puto Jefe y su ejército de ángeles caídos.
Otra espeluznante historia de Charlie Parker. Con una prosa depurada y atrapante, muy emparentada con la de su admirado Stephen King —con quien comparten como escenario el frío estado de Maine—, Connolly transita con fluidez por ambos lados de la frontera mencionada antes. Va del realismo de la dura novela negra al terror oscuro y sobrenatural, pasando de ida y vuelta por el puente que las vincula: la extrema violencia de sus historias y de su atormentado Parker.
Traducción: Carlos Milla Soler
4/11
lunes, 8 de noviembre de 2010
Hasta que se cubra de escarcha el infierno
Bosque frío, Patrick McCabe

Sigo un estricto orden cronológico en la construcción de este blog: el orden en el que aparecen de las reseñas es el orden de las lecturas. Hoy, noviembre de 2010, trataré de compartir el comentario de Bosque frío, de Patrick McCabe, un texto que me debo desde que finalicé su lectura en… ¡mayo! Supongo que el tiempo transcurrido guarda relación con el hecho de que es muy difícil escribir algo acerca de lo que produce esta terrible historia, perturbadora hasta el horror.
Empecemos por decir que el narrador, Redmond, relata el período que va desde finales de los años 80 hasta los primeros años del nuevo siglo. Comienza la historia (en realidad, la novela, pues la historia se verá que comienza mucho antes…) cuando Redmond regresa a su pueblo natal en las montañas de Irlanda. Allí Red –por aquellos años, periodista-, toma contacto con el viejo y querido y pintoresco Ned Strange (strange=extraño), un típico personaje de pueblo. Conocedor del folklore tradicional, Ned toca, canta, baila, recita viejas coplas que resumen siglos de la sabiduría sencilla del hombre del bosque, del campo. Ned cuenta historias, es gracioso, todo el mundo celebra sus ocurrencias.
Ned entretiene a los niños…
Redmond queda fascinado con este personaje, y vuelve una y otra vez, y a medida que va contando sus encuentros, el lector va percibiendo algo “raro” en la narración de Red. Una especie de deslizamiento, una escisión que disloca el relato: comienza a filtrarse otra realidad, lo que sucede dentro de la cabeza del narrador, que a esta altura se vuelve poco confiable.
Sembrado con nada gratuitas alusiones al folklore irlandés, al catolicismo que en ese país conlleva más que en ningún otro una carga política/ideológica, una y otra vez el relato revela los modos en que la pureza y la autenticidad del rudo hombre de montañas pueden esconder un infierno de brutalidad, sometimiento y violencia, de “follaovejas” y de vejaciones. La ominosa presencia del Mal detrás de las pintorescas citas en gaélico. El “valor de la cultura de los ancestros” como la otra cara de la eterna podredumbre del alma humana.
El autor elige una estructura de largas partes que se ocupan de períodos en la vida de Red, organizadas a su vez en breves “flashes”, que pueden ser episodios cotidanos, recuerdos, pesadillas, fabulaciones. Como dije, uno nunca sabe bien a qué categoría pertenece lo que está leyendo. Pero esta forma acertadamente elegida por McCabe propicia la creación del clima oscurísimo a través del cual el lector es arrastrado a lo más profundo de la locura y el dolor de Redmond, víctima y victimario.
Que nadie se equivoque: esta no es una moralizante historia acerca de los pederastas y sus víctimas. No es un drama acerca de las consecuencias de los abusos en los niños, no.
Esta historia terrible, dolorosa de leer, es una perturbadora indagación sobre la locura, es una poética reflexión sobre el Mal. Pero por sobre todo, Bosque frío es una verdadera historia de terror.
Una obra escalofriante que los amantes de lo oscuro no deberíamos dejar pasar.
“… Eran tiempos difíciles, Redmond. Así era la vida en esos sitios rurales, y tú lo sabes. Los recuerdos no se van con facilidad. ¿Te parece que se pueden ir así, de un día para el otro?
-No –respondí.
-Exacto, Redmond. Duran tanto como los malditos pinos. Hasta que se cubra de escarcha el infierno, Redmond. “

