Mostrando entradas con la etiqueta nazis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nazis. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de julio de 2011

Como un escocés un poco aguado

El jardín de las sombras, Ian Rankin

Al fin hemos llegado a Rankin. Es un autor que se menciona bastante en los círculos de novela negra, especialmente en los españoles. Pero acá, a Buenos Aires, no han llegado muchas de sus novelas. Por eso, cuando encontré esta edición de RBA bolsillo de El jardín de las sombras no dudé y me lancé de cabeza.

El jardín de las sombras está ambientada en Edimburgo, y en ella el inspector John Rebus, el más famoso personaje de Rankin, se ve involucrado en varias historias.

Por un lado, Rebus recibe el trabajo de investigar a Joseph Lintz, un viejito que parece muy inocente e inofensivo, tal vez algo huraño, pero que está sospechado de algo un poquitín más serio: podría tratarse de Josef Linzstek, criminal de guerra nazi. No sólo eso: Rebus tiene la sospecha de que Lintz/Linzstek entró a Gran Bretaña por la denominada “Ruta de las Ratas” junto con otros criminales de guerra. Desde luego, hay mucha gente interesada en que este asunto no se investigue…

Por otro lado, aún cuando lo separaron del caso, Rebus sigue empecinado en dar caza a Tommy Telford, un importante gángster de Edimburgo. Telford maneja varios negocios, tales como el juego, la prostitución, el tráfico de drogas. Pero también tiene un rival, Cafferty, que está encarcelado, y a quien Rebus de alguna manera planea utilizar para acabar con Telford. Es en el marco de este caso en que aparece el personaje de Candice, prostituta nacida en los Balcanes, y que permite ir desentrañanado más asuntos oscuros que vinculan a Telford con mafiosos chechenos y japoneses.

Todas estas subtramas se ven atravesadas por la verdadera tragedia de Rebus: el intento de asesinato que sufre su hija Samantha, que la deja en coma durante toda la novela. Este doloroso episodio impacta en Rebus como lo haría en cualquiera de nosotros. Provoca que el inspector revuelva una y otra vez su pasado, se cuestione sus errores como padre y como esposo, su enfermiza dedicación al trabajo. El fantasma de su adicción al alcohol vuelva a acecharlo a cada paso, y Rebus debe esquivarlo apoyándose en su amigo Jack Morton, también policía, también alcohólico.

Algo a contramano de lo que se dice de él, opino que, al menos en esta novela, el personaje de John Rebus no termina de consolidarse, que en muchos aspectos se queda a mitad de camino. No revela la hondura que uno espera de un personaje con tantas novelas encima. Como si fuera un buen whisky en las rocas, pero que se hubiera aguado demasiado. Quizás lo conocí en un momento especial de su vida (por ejemplo, sobrio), o quizás el me conoció a mí en una semana especial, quién sabe. He visto que en el excelente blog de Alice, Mis detectives favoritos, se lo ha comparado con varios famosos detectives y, a mi criterio, cualquiera de ellos es más atractivo que Rebus. Para luchador tozudo, solitario y anti sistema me quedo con Bosch. Para alcohólico en lucha por su recuperación, mil veces mejor Scudder. ¿Wallander? Ni me acuerdo de Wallander, de quien sólo leí una historia, hace ya mucho tiempo. En cuanto a su familia disfuncional, me llegó más el nórdico Inspector Erlendur Sveinsson.

Tal vez no sea suficiente para conocer a este Rebus melancólico y melómano que se la pasa relacionando viejas canciones de los 60 y los 70 con todo lo que le sucede. Tal vez se necesite leer más de la serie —que lleva editadas más de quince novelas— para poder conocer al inspector. Entonces, tratándose de una serie, ¿por qué juzgarlo por la primera que uno lee? Por otra parte, la atractiva descripción de las sórdidas calles de Edimburgo y el buen manejo del suspenso de la historia muestran que Rankin no es ningún novato y sabe de su oficio. Sólo eso ya lo hace merecedor de una nueva chance, aún cuando no logré “hacerme amigo” de su personaje en esta primera historia.

Traducción: Francisco Martín Arribas

6/11

sábado, 29 de enero de 2011

Berlín + noir = Bernie

Pálido criminal, Philip Kerr
Mucho tiempo después de la fallida Una investigación filosófica, me acerqué nuevamente a Kerr para leer Violetas de marzo, primer episodio de la serie Berlin Noir. Y se puede decir el oficio que despliega Kerr en aquella primera novela de la serie me fue suficiente para querer encarar las siguientes. Por ejemplo Pálido criminal, la segunda de las cinco publicadas en castellano.
El oficio de Kerr y, desde luego y sobre todo, la aparición del entrañable detective privado Bernie Gunther. Ex soldado de la Primera Guerra, con un paso no del todo feliz en las filas de la policía, Bernie ya ha trabajado para el Hotel Adlon y ahora se las gana la vida buscando gente perdida o reuniendo sórdidas pruebas para casos de divorcio.
En Pálido criminal lo encontramos al bueno de Bernie intentando aclarar un caso de chantaje, pura rutina. Es entonces cuando es “invitado amablemente” por las autoridades de la policía nazi, la Kripo, a reintegrarse al cuerpo para ayudarlos a resolver quién está detrás de una serie de horribles asesinatos de chicas adolescentes.
Protegido por su ácido humor y su inamovible desencanto, Bernie se las arregla para sobrevivir moviéndose a través de la jerarquía del Partido, esa tenebrosa, oscura y maligna máquina criminal. En su camino se cruza con personajes de los más variados: fanáticos y agitadores nazis, un psicoanalista a la vez homosexual y adepto al Partido que los persigue con la nefasta “estrella rosa”, prácticantes de ritos paganos de la antigüedad, y hasta se ve la cara con el mismísimo Himmler.
Algo desplazado de los clásicos móviles que hacen del capitalismo occidental el perfecto caldo de cultivo en el que la novela negra pudo crecer (es decir, dinero + sexo = crimen), Kerr construye un personaje memorable, con todas las cualidades del mejor detective negro, pero que se debe enfrentar a fanáticos criminales cuya motivación es “ideológica”. No sólo eso: encima sitúa la trama en la ciudad capital de un país que está por sumergir a Europa en el horror de la guerra. La mención de lugares reales de Berlín, así como las referencias a las intrincadas estructuras de las organizaciones nazis y sus jerarquías, son un importante aporte a la bien lograda verosimilitud.
Traducción: Isabel Merino
8/10

lunes, 4 de octubre de 2010

¿Un nazi en Buenos Aires?

Lejos de Berlín, Juan Terranova

“El hombre tenía un corte en la garganta de izquierda a derecha. Esto quería decir que el asesino era diestro.”

Así comienza Lejos de Berlín, de Juan Terranova. Convengamos que es un excelente par de oraciones para arrancar una novela policial, ¿eh? Bueno, pero nada es lo que parece.

Estamos en los años de las posguerra, en Buenos Aires. Un hombre degollado, dos mujeres –bailarinas- apuñaladas y algunas botellas de champán son encontrados en un departamento de la avenida Córdoba. El detective Báñez está a cargo del caso… Pero sólo por parte de la policía. Porque hay alguien más que recibe el encargo de desentrañar lo que ha pasado en esa carnicería. Es Louis Danton, un fotógrafo suizo que vive en el barrio de Montserrat, y quien es el verdadero protagonista de esta historia.

Lo dicho: nada es lo que parece. Y Danton tampoco lo es: lejos de la fotografía, Danton es en realidad Bruno Ritter, espía nazi llegado a Buenos Aires antes del final de la guerra. Su importante misión es sondear el terreno para una posible fuga del Führer. Claro que, aliados mediante, el plan sufre algunas alteraciones: el Führer se pega un tiro en Berlín, auspiciado por el Ejército Rojo, y Ritter/Danton queda varado en Buenos Aires, sin un mango.

Más allá de una trama que se va enredando, y de una longitud un tanto excesiva, el mérito principal que le encuentro a esta novela es la vívida reconstrucción de una convulsionada Buenos Aires, en la que se estaba cocinando el peronismo que marcaría nuestra historia por un rato largo, a través de la mirada de un SS Sturmbannfürer que trata de entender qué pasó en el mundo, que le pasó a él, y que le pasará.

Un sacerdote nazi, confesor y colega, periodistas de La Razón, Báñez, la viuda austríaca, el relojero amigo, refugiados y criminales de guerra que llegan al puerto, los “morochos” del 17 de octubre: todos ellos son lo mejor que tiene esta historia, cuya trama resulta difícil de recordar una vez acabada la lectura (desde luego, el esclarecimiento de los asesinatos del comienzo deja de tener importancia).

Juan Terranova es un joven autor, bastante prolífico, que domina una prosa fluida, disfrutable. Sabe además administrar muy bien esos “detalles” que le dan verosimilitud a la historia (la mención constante a la burocracia nazi, sus rangos, grados, instituciones, el uso del idioma alemán, la aparición aquí y allá de breves subtramas basadas en desgraciados y horrendos hechos reales).

Recomendable para quienes gusten de coleccionar visiones sobre aquellos años de la Argentina, pero no tanto para los interesados en un policial puro y duro.

5/10