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jueves, 24 de mayo de 2012

Tennessee Williams según Sunny Pascal


Nunca había visto la obra de teatro en la que se basaban para hacer la palícula. Pero no era nada parecida a las historias que me gustan: un reverendo alcohólico, el personaje que actuaba Burton, es un obsesionado sexual, perdedor y mal viviente. No muy diferente del actor. En un viaje con varias mujeres viejas a una playa de México, acosa sexualmente a la nieta de una de ellas, nuestra infame Lolita. Para evitar problemas con la ley, sabotea el camión donde viajan y se refugia en el hotel de una ex amante. A éste llegan también una pintora, el personaje de Deborah Kerr, y su padre, quien se autonombra el poeta vivo más viejo, noventa y cinco años. Todos esos personajes sufren y gritan. Esa es la historia.
Nunca entendí qué hacía un viejo famoso en una playa. Si yo fuera él, me comparía un Jaguar, como el de Scott Cherries, y contrataría dos muchachas alegres. Así moriría con una sonrisa idiota.
Pero eso haría yo. No la película, que se me hacía aburrida. Mucho diálogo y ninguna persecución de coches. Cuando conocí a Tennessee Williams supe que no podía esperar nada más de un autor que vestía de rosa pálido y se hacía acompañar de un perrito con listones rojos.
 
(F. G. Haghenbeck, Trago amargo, Barcelona, Roca Editorial, 2009, pg 47)

martes, 22 de mayo de 2012

Detective mitad en todo


Todos los actores se odiaban entre sí y había más tensión sexual en el set que en una preparatoria mixta. El director estaba tan seguro de que terminarían matándose unos a otros, que había mandado a hacer cinco pistolas de oro, con cinco balas de plata, con el nombre de cada uno inscrito en ellas, incluyendo el del productor. El director era precavido, no incluyó la bala con su nombre. Aun así, mi jefe, el señor Ray Stark, parecía feliz con todo y con todos. No sabía por qué también conmigo. Éramos tan distintos que podríamos provenir de diferente simio. Había hecho de todo en su vida. Era famoso y millonario. Tal vez sólo le faltaba plantar un árbol.
¿Yo? Bueno, aún no sabía qué era. Para eso se necesita toda una vida. Sólo soy un sabueso beatnik de nombre Sunny Pascal. Mitad en todo: mitad mexicano, mitad gringo; mitad alcohólico, mitad surfer; mitad vivo, mitad muerto. Alguien con half español, mitad english.
Y estaba en el infierno.
 
(F. G. Haghenbeck, Trago amargo, Barcelona, Roca Editorial, 2009, pg 15)

sábado, 19 de mayo de 2012

Novela negra con happy hour

Trago amargo, F. G. Haghenbeck



A esta altura del partido, en el que el mote de “chandleriano” se ha repartido a lo largo y a lo ancho del Globo en tapas, contratapas, fajas y solapas de las novelas más variopintas, aún hay gente que se propone hacer una novela en homenaje a Raymond Chandler. Hay que reconocerlo: se necesitan mucho coraje y mucho talento. Algunos no dan la talla y se quedan en parodias involuntarias y, por lo tanto, olvidables. Otros, en cambio, logran un producto a la altura del homenajeado. Sin imitaciones, establecen cierta complicidad con el lector y la cosa funciona. Es el caso de F. G. Haghenbeck y su Trago amargo.

Sunny Pascal es un detective “mitad en todo”. Un sujeto de Hollywood lo recomienda para un trabajo especial. Él es mandado hacer para ese tipo de trabajos. Más si hay que hacerlo en tierra mexicana. Cuestión es que, en un par de días, Sunny arma su maleta con dos botellas de gin, una edición gastada de On the road, de Kerouac y su tabla de surf y viaja al sur. A Puerto Vallarta, donde John Huston comenzará a filmar La noche de la iguana. ¿El trabajo? Fácil: evitar que los actores se maten entre sí. Bienvenidos los reporteros de escándalos y su publicidad gratis pero, por favor, que nadie termine muerto “o peor aún, en una cárcel mexicana”.

Acodado en la barra del bar, se dispone a disfrutar de los tragos gratis y de las bellas mujeres que se mueven por el set. Pero Sunny, agudo observador de este mini Hollywood enclavado en medio de la belleza del Pacífico mexicano, enseguida percibe cuál es el cóctel más peligroso que tiene ante sí: los egos inflados de tantas estrellas, la tensión sexual en el ambiente y los intereses inmobiliarios apenas solapados en el proyecto de la película. En efecto, no pasa mucho tiempo hasta que unas joyas desaparecen, y la cosa se desmadra. Chicas drogadas, películas clandestinas y, desde luego, un muerto. Todo lo que Sunny necesita para mantenerse ocupado.

La narración en la voz de Sunny Pascal, los diálogos fluidos y las comparaciones exageradas, propias de la escritura “chandleriana” usadas con el buen criterio de Haghenbeck, resultan en una novela de ritmo ágil y muy entretenida.  Pero hay dos particularidades de Trago amargo por las que los lectores recordaremos este libro. La primera es la mezcla de personajes, escenarios y situaciones tomadas de episodios de la vida real: las estrellas de Hollywood Richard Burton, Ava Gardner, Liz Taylor y Deborah Kerr, el director John Huston, Puerto Vallarta y La noche de la iguana. La otra, absolutamente original (y en algún punto, también muy útil) es la idea de los tragos. Cada capítulo de la novela lleva el nombre de uno. No sólo eso: también se incluyen recetas y hasta una pequeña historia acerca de los orígenes de cada cóctel. En ocasiones hasta se sugiere la música adecuada para disfrutarlos. Como dije: útil e inspirador.

F. G. Haghenbeck, que además de escritor es guionista de cómics, se ha reconocido en alguna entrevista partidario de la literatura “escapista”, de lectura fácil y divertida. Su sano objetivo es entretener al lector. Con Trago amargo, este happy hour en clave de novela negra clásica, puede considerar que, al menos con este servidor,  lo ha cumplido con creces.



3/12